El cuidado adecuado de los pies es importante para los niños de todas las edades, ya que muchos problemas de los pies en la edad adulta tienen su origen en la infancia. El cuidado de los pies de los niños es igual que el de los adultos: mantener los pies limpios y secos, usar calzado adecuado, de la talla correcta y que proteja, diseñado para la actividad o el deporte que practica el niño, y consultar a un podólogo en cuanto aparezca dolor o una lesión. En los niños también es importante revisar la talla del calzado con frecuencia, porque el pie crece, y los zapatos pequeños pueden causar problemas en los pies y los dedos.
En los bebés, la forma y el tamaño del pie cambian rápidamente antes de cumplir un año. Como sus pies son flexibles y todavía se están formando, deben poder estirarse y patear sin restricciones. La presión excesiva o los zapatos y calcetines apretados pueden afectar la forma del pie del bebé. Los niños pequeños deben caminar cuando estén listos, sin forzarlos a dar sus primeros pasos antes de tiempo. Es común que aparezcan problemas de la marcha cuando aprenden a caminar; situaciones como caminar con los pies hacia adentro o de puntitas suelen corregirse solas con el crecimiento. Hacia los 8 años, la estructura ósea de los pies ya está bien formada.
En muchos problemas de los pies, la detección temprana es clave para prevenir complicaciones y deformidades. Por ejemplo, en el caso del pie plano o de pies que apuntan mucho hacia adentro o hacia afuera, el niño puede necesitar zapatos correctivos, plantillas ortopédicas, férulas o aparatos nocturnos. Si ocurre una fractura o una lesión en una placa de crecimiento, el hueso puede crecer de forma incorrecta y causar problemas más adelante. Por eso es importante que un doctor revise, diagnostique y trate cualquier fractura.










